Buscando el optimismo

No me gustan las fronteras. Hasta las llamadas “naturales” acaban bajo el pie explorador de la familia migrante y conectan unas tierras con otras. No hay una sola familia, estirpe ni línea genealógica sin mezcla ni que haya permanecido desde su surgimiento en el mismo lugar, y en última instancia, sea bajo una concepción religiosa, sea bajo el paradigma de los derechos humanos, tal situación no otorga mayores derechos, o no debería, como tampoco, en mi libertaria opinión, debería hacerlo el que tu línea genealógica haya llegado antes a un lugar.

Las sociedades que permiten el paso,el mestizaje, la interrelación, son más ricas y prósperas que otras cercanas pero cerradas en sí mismas. Finalmente, no parece honesto clamar nuestro carácter explorador y hospitalario como especie y al rato rechazar al extraño, al que habla distinto. al que parece diferente, al que viene de lejos.

Por eso, y porque once millones…

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